No me ha contestado. El ministro de Relaciones con las Cortes corrompe el control de las Cortes con la cooperación necesaria de la Presidencia del Congreso y lo hace por impotencia. No solo han perdido la mayoría social, también la parlamentaria. Un repaso a la última semana. Martes pasado: la Presidencia mutila un texto del Senado por orden del Gobierno y contra el criterio del letrado mayor. A la señora Armengol hay que decirle que si quiere ser comisaria de Sánchez, dimita como presidenta del Congreso o acabará como Forcadell. Miércoles: el señor Feijóo pregunta por el asalto a Prisa, Sánchez ni siquiera contesta. Yo le pregunto por su citación judicial y usted me pregunta a mí si tengo dinero afuera. ¿Yo, señor Bolaños? No. Eso, el hermanísimo en Portugal y la banda del Peugeot en Dominicana, Colombia y Perú, que sepamos. (Aplausos). Jueves: el señor De Celis impide arteramente que este Pleno ejerza su derecho al voto. La prevaricación comporta hasta quince años de inhabilitación. ¿A qué se va a dedicar, señoría? Viernes: El Grupo Socialista presenta una reforma del Reglamento no para mejorar el control al Gobierno, sino para controlar mejor a los medios. Los diputados podremos castigar, incluso expulsar, a los periodistas parlamentarios. Yo no sé si son conscientes de lo que eso significa. Y ayer: el Gobierno renuncia a presentar presupuestos y dice el señor Bolaños: los del 2022 son buenos. Ya, y usted un hombre sin pudor. Cumpla la Constitución y deje de tomar el pelo también a sus socios. Quieren imponer un rearme de espaldas al Parlamento y con mentiras y eufemismos. Gratis total ya. Mire, señor Bolaños, hace cinco años, el Gobierno intentó cerrar el Parlamento, mi grupo lo impidió y lo impediremos. Ya sabe: el Congreso no se cierra ni en tiempos de guerra. (Un señor diputado: Sí, sí). Así, por cuarta vez, le pregunto ―y exijo al presidente que le inste a contestar en defensa del control y de esta Cámara―: ¿cómo pasó la amnistía de ser ilegal a legal con la misma ley vigente? (Aplausos.―Un señor diputado: ¡Sí, señor!—Una señora diputada: ¡Muy bien!).