Ignacio Hoces Íñiguez
Muchas gracias, señora presidenta. Buenas tardes, señorías. La política rectamente ordenada se orienta al bien común y, por tanto, vela siempre por el interés general, por el interés nacional. Hoy, por desgracia, tenemos políticos que no miran por el compatriota, sino por el extranjero, y desprecian España, su unidad, su soberanía y su identidad, mientras ensalzan lo ajeno e impulsan ideologías diametralmente opuestas a las necesidades reales de los españoles, trayendo más desolación, más ruina, más inseguridad y más delincuencia. En vez de velar por el compatriota, por los españoles, a quienes nos debemos, esta Cámara hace mucho tiempo dejó de mirar y trabajar día a día por lo verdaderamente importante, la unidad de España y el bien de los españoles. Por eso, traigo a colación aquella sentencia de Antonio Maura que decía que las naciones no mueren por débiles, sino por viles. Y es vil un Gobierno cuando pacta todos los días cediendo soberanía ante los separatistas. Es vil e indigno un Gobierno de la nación cuando directamente impulsa y promueve la desindustrialización y, por tanto, la pérdida de soberanía económica, fiscal, alimentaria y energética. (Aplausos). Se es vil, indigno y miserable cuando se atacan frontalmente nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra identidad llenando nuestras calles de islamismo. Y se es profundamente vil, indigno, miserable y cruel cuando se pacta con los herederos políticos de los terroristas, aquellos que han vertido tanta sangre martirial en esta tierra. (Aplausos). Hoy los enemigos de España y su soberanía están muy claros: el separatismo y, por otro lado, el globalismo y todas las fuerzas políticas que ayudan a ambos fines. Por un lado, el globalismo, es decir, la superación del Estado-nación, la uniformización inherente a la aldea global, esa ideología que quiere al hombre uniforme, sin vínculos y producido en serie. Por otro lado, el separatismo, la ruptura de la unidad nacional de siglos, la de nuestra prosperidad y nuestra convivencia por aquellos que quieren la muerte de la unidad de España, de nuestros vínculos entre iguales y de la memoria colectiva. Y, señorías, toda esta Cámara, a excepción de VOX, considera la soberanía nacional como un producto de consumo, algo fungible y ofertable. Han hecho de la nacionalidad una abstracción y de la nación, la herencia de posibilidad y protección algo así como un vestigio ruinoso que conviene superar. Pues no, porque en VOX sabemos que la unidad y soberanía de España son anteriores y superiores a cualquier ley y, por supuesto, también al texto constitucional, aunque con ustedes, señorías, no haya ley que promulguen que no ceda soberanía ni política pública que reste libertad ni declaración institucional que no sea una venta pública por liquidación. (Aplausos). VOX lo tiene claro: España existe, no es una entelequia; nuestras experiencias, recuerdos y tradiciones están ahí; nuestros afectos y relaciones tienen nombre propio; nuestros barrios, nuestras comarcas, nuestras regiones y pueblos son algo tangible de lo que somos; y España no está en venta, no puede desguazarse ni venderse por partes, no puede disolverse ni desaparecer. Por eso, VOX ha estado, está y estará siempre del lado de los españoles y su soberanía, de lo que hemos sido, de lo que somos y de lo que seremos. Por eso, VOX defiende la soberanía nacional, es decir, la capacidad del conjunto del pueblo español para decidir nuestro presente y nuestro futuro, sin más límites que la unidad y la identidad, nuestras leyes naturales, (aplausos) defiende la integridad territorial de España, la protección de nuestras fronteras, las Fuerzas Armadas y, por supuesto, nuestro patrimonio. Defiende la soberanía energética, es decir, la capacidad de la nación para autoabastecerse: queremos explorar y explotar nuestros propios recursos naturales para abaratar así la factura de la energía de las familias y empresas españolas, frente a todos ustedes, que prohíben explorar y explotar nuestros propios recursos naturales y quieren cerrar todas las centrales nucleares prefiriendo sepultar nuestro potencial por motivos ideológicos. (Aplausos).
Defiende también la soberanía industrial, las industrias nacientes españolas y un plan de reindustrialización que devuelva el empleo y la vitalidad a nuestros pueblos y comarcas. Defiende la soberanía alimentaria, el sustento de las familias españolas y el porvenir de nuestros productores, frente a la competencia desleal extranjera y a los adalides de la deslocalización, el paro y la precariedad. Y digo esto, señorías, porque debemos ser la única nación del planeta que impulsa la industria extranjera mientras desecha la suya y llena de dinero público, extraído de los impuestos de todos los españoles, el campo extranjero, asfixiando a sus agricultores, ganaderos y pescadores, que dan de comer —no se les olvide, señorías— a todos los españoles y sin los cuales nuestras ciudades se vendrían abajo. (Aplausos).
VOX está y estará siempre en defensa de la soberanía económica y fiscal y del esfuerzo de las familias, las empresas y los trabajadores españoles, frente al expolio incesante y la deuda pública, que se incrementa día a día, lacra nuestro presente y condena nuestro porvenir; en defensa de la soberanía digital y de la intimidad de los españoles, frente a la venta masiva de nuestros datos más allá de nuestras fronteras y frente a esa nueva moneda digital —ahora ustedes la quieren impulsar y, luego, la querrán hacer obligatoria―, cuando es un verdadero e histórico atentado contra la libertad económica y la intimidad personal y familiar de los europeos y, en particular, de los españoles. Por tanto, está y estará siempre en defensa de España y de los españoles, frente a ustedes. Defenderá la unidad, con las diferencias, pero contra la indiferenciación.
Porque, señorías, ceder soberanía es desmantelar nuestra industria y nuestra riqueza nacional. Ceder soberanía es sustituir el campo español por el extranjero regándolo de dinero público, un verdadero acto de suicidio colectivo. Ceder soberanía es prohibir a nuestros pescadores salir a faenar. Ceder soberanía es llenar nuestras calles de inseguridad y delincuencia con las oleadas de inmigración ilegal, es decir, un suicidio económico, cultural y social que ni VOX ni la inmensa mayoría de los españoles estamos dispuestos a seguir, a pesar de que ustedes, con sus delirios ideológicos, lleven demasiado tiempo impulsándolo.
Muchísimas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).