Manuel Arribas Maroto
Gracias, presidente. Buenas tardes, señorías. Hoy subo a esta tribuna para defender una proposición de ley que no debería suscitar ningún debate ideológico, porque hoy hablamos de salvar vidas, hoy hablamos de responsabilidad, hoy hablamos de seguridad vial y hoy hablamos de la obligación que tenemos, como legisladores, de proteger la vida de nuestros ciudadanos. Hoy hablamos de poner freno a una realidad dramática que, año tras año, deja un reguero de muertes evitables; de poner coto a la impunidad de quienes creen que pueden anteponer su irresponsabilidad a la vida de los demás. Esta proposición de ley persigue dos objetivos fundamentales: la reducción de la tasa máxima de alcohol permitida para la conducción y la prohibición en redes sociales de la ubicación de los controles de alcohol y drogas. Estas medidas son necesarias y están avaladas por la evidencia científica. Ambas medidas, señorías, no tengan dudas de que nos ayudarán a salvar vidas. Los datos son irrefutables. En España, el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses señala que el 33 % de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico presentaban alcohol en sangre; también el 29 % de los peatones que murieron en las carreteras habían consumido alcohol o drogas. Según la Fiscalía General del Estado, en el año 2023 se registraron más de 50 000 condenas por conducir con una tasa de alcohol superior a la permitida. Cada una de esas cifras es una historia de dolor. Pensemos en Mario, un joven de 19 años que volvía a su casa después de celebrar su cumpleaños. No llegó. En su camino se cruzó con un conductor ebrio que, después de haber bebido en exceso, decidió ponerse al volante. Mario no tuvo opción. Su familia hoy sigue preguntándose por qué, por qué alguien pudo decidir sobre la vida de su hijo de una manera tan cruel. Mario no es un caso aislado, es el reflejo de la realidad que se repite cada semana en nuestras carreteras: vidas truncadas, proyectos de vida rotos y familias devastadas por la irresponsabilidad, una irresponsabilidad que podemos evitar desde aquí. Señorías, de verdad, ¿alguien puede seguir mirando hacia otro lado? Tras el debate de la proposición no de ley previa, VOX afirmó que reducir la tasa de alcohol para los conductores, como propone el Grupo Socialista, restringe derechos. ¿Qué derechos son los que defienden ustedes, señorías? ¿El derecho a que un conductor ebrio decida quién vive o quién muere? ¿El derecho a que un irresponsable decida si una madre vuelve a abrazar a su hijo? ¿Qué derecho es el que dicen ustedes que estamos restringiendo? ¿El derecho a que un irresponsable siga matando, simplemente por ponerse a conducir bajo los efectos del alcohol? Díganlo con claridad, señorías, explíquenselo a las familias que han perdido a un ser querido en la carretera porque alguien decidió conducir después de beber; mírenle a los ojos y sostengan ese argumento. Aquí no se trata de ideología, señorías, se trata de vidas humanas. Por eso, si creen de verdad en lo que ustedes han dicho, tengan el valor de salir de esta Cámara y decírselo a esas familias. Díganles que esta ley asfixia al contribuyente, pero no asfixia al usuario que se puso al volante bajo los efectos del alcohol y arrebató la vida a uno de sus familiares. ¿De verdad son capaces de decir que impedir que alguien conduzca bajo los efectos del alcohol es restringir un derecho? Miren, en Valencia, tres mujeres murieron después de huir de un control de alcohol y drogas, recorriendo más de veinte kilómetros de forma temeraria antes de estrellarse contra un camión en una estación de servicio. ¿Esto es libertad? ¿Esto es lo que algunos de ustedes defienden como un derecho? En La Rioja, un vecino de San Adrián, borracho y drogado, provocó el accidente en la AP-68 al circular en sentido contrario. Chocó con camión y otro vehículo. En el vehículo viajaba de copiloto una mujer embarazada de siete meses junto a su marido. La mujer y el bebé murieron en el acto. Su marido, gravemente herido, no solo ha perdido a su familia, sino que tendrá que vivir con el recuerdo de una tragedia que nunca debería haber ocurrido. En Vigo, dos agentes de la Guardia Civil fueron arrollados mientras señalizaban un accidente; fueron atropellados por un conductor borracho. Estos, señorías, no son casos aislados, y podría estar así los doce minutos de mi intervención. Esto no son noticias, señorías, esto son dramas, son la prueba de lo que ocurre cuando miramos hacia otro lado, cuando permitimos que el alcohol y la conducción sigan yendo de la mano. Cada una de estas tragedias pudo evitarse, cada una de estas víctimas tenía derecho a seguir con vida y cada uno de estos casos nos recuerda que la inacción no es neutral, es una decisión que cuesta vidas.
Señorías, no estamos inventando nada. Países como Suecia o Noruega, referentes en seguridad vial, tienen una tasa de alcohol máxima de 0,1 miligramos por litro en aire espirado y 0,2 gramos por litro en sangre. Esta es la cifra que proponemos en esta iniciativa. Está demostrado que incluso un consumo mínimo de alcohol afecta a la capacidad de reacción al conducir un vehículo y aumenta exponencialmente el riesgo de accidente mortal. Los estudios científicos son claros. Un conductor con una tasa de entre 0,1 y 0,5 gramos por litro en sangre tiene tres veces más probabilidades de sufrir un accidente mortal. La Dirección General de Tráfico lleva años repitiendo que solo 0 alcohol es seguro, con lemas como «Solo 0 alcohol tiene 0 consecuencias». La propia Comisión Europea recomienda esta reducción como parte de su estrategia Visión Cero, cero víctimas en las carreteras. No podemos seguir enviando un mensaje ambiguo a la ciudadanía, no se trata de beber poco, se trata de no beber nada al volante.
Señorías, no hay excusas, no hay justificaciones para no reducir la tasa de alcohol permitida y frenar la impunidad de quienes difunden los controles en las redes sociales. Debemos afrontar este debate y dar un paso adelante. La seguridad vial no entiende de colores, señorías. Cualquiera de los que estamos hoy aquí podemos ser víctimas al encontrarnos un conductor circulando bajo los efectos del alcohol, también nuestros familiares, nuestras mujeres, nuestros hijos o nuestros padres, que pueden salir un día a trabajar, a hacer su vida cotidiana, al colegio o regresar de cualquier actividad de ocio y tener la mala fortuna de encontrarse con un irresponsable que piensa que por haber bebido solo un poco puede estar en plenas facultades para conducir. Son muchas las familias y las vidas que se ven truncadas, muchos proyectos, muchas parejas, muchas familias en las que todo se va al traste por la decisión de un irresponsable.
Se lo decía en la comisión y se lo decía en la defensa de la proposición no de ley: los accidentes le ocurren igual a la gente de derechas que a la gente de izquierdas, a la gente con una renta per cápita más alta o más baja. La vida de todos depende de la responsabilidad que nosotros, como parlamentarios, demostremos en esta Cámara. Demostremos al conjunto de la ciudadanía que estamos preparados para abordar los problemas reales de la gente, y este es un problema real. Debemos garantizar la libre circulación de nuestros ciudadanos sin que tengan miedo a encontrarse con un irresponsable que les arrebate su vida. Es el momento de actuar, es el momento de decir alto y claro: alcohol y conducción no pueden ir de la mano. Señorías, apelo a su responsabilidad. Voten con responsabilidad, votemos pensando en esas madres y en esos padres que hoy no van a poder abrazar a sus hijos.
Muchas gracias. (Aplausos).