José Manuel Albares Bueno
GobiernoMinistro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.Página 64Vídeo
Gracias, presidenta.
Señorías, este es un momento trascendental para nuestro país, para Europa y para el orden internacional basado en reglas e instituciones multilaterales; un orden mundial que ha regido nuestras vidas y que no desaparece, pero que ya no está totalmente presente, y uno nuevo que no termina de perfilarse. Es vital que España y Europa seamos actores y no meros espectadores en estos momentos. Yo estoy seguro de que todos en esta Cámara somos conscientes hoy de la importancia que tiene cada posición y cada decisión que tomemos en las próximas semanas. Estamos ante una nueva era que requiere de España y de Europa unidad, determinación y acción. Todos y cada uno de nosotros debemos estar a la altura del momento, porque tenemos que garantizar los proyectos de vida de nuestros ciudadanos. De lo que hagamos en las próximas semanas va a depender en buena medida nuestro destino y nuestro futuro. (El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia).
Hoy más que nunca nuestra política exterior solo puede ser política de Estado. Nuestras decisiones solo pueden proceder de la responsabilidad y de la unidad de los europeístas y los demócratas. Todos vamos a tener que posicionarnos hoy y en los próximos días: o se está con Europa, o se está con quien quiere debilitarla; o se está con la democracia, o se está con los autoritarios y la extrema derecha; o se está con las víctimas, o se está con los verdugos; o se está con los que queremos la paz, o se está con los que hacen las guerras; o se está con la disuasión europea y la protección de nuestros ciudadanos, o se está con las potencias militaristas agresivas hacia Europa. Lo estamos viendo en la injustificable agresión de Rusia a Ucrania y también en la catástrofe humanitaria en Gaza; lo estamos viendo en otros conflictos, como en Sudán o en la República Democrática del Congo. En todos esos sitios se está ignorando el derecho internacional y el derecho internacional humanitario de manera sistemática, también la más elemental humanidad. Precisamente en este momento de enorme tensión el multilateralismo y el orden internacional basado en reglas está siendo abiertamente cuestionado, cuando no atacado, exactamente igual que nuestras democracias y nuestro proyecto europeo.
Señorías, estamos entrando en una nueva era y, sin embargo, seguimos teniendo certezas que nos orientan y nos aconsejan. La primera y la más segura es que si la estabilidad y la seguridad de Europa están amenazadas, la única respuesta eficaz y viable tiene que ser a escala europea. Ante esta nueva realidad, la tentación de repliegue nacional, de mirar hacia dentro, como pretenden los autoritarios y los euroescépticos, es una opción peligrosísima para nuestros ciudadanos, para sus proyectos de vida, y ya les adelanto que está destinada al fracaso. En el tablero global, la división o la vuelta al nacionalismo estrecho solo nos hace más pequeños y más débiles ante los grandes poderes económicos y las grandes potencias políticas agresivas del planeta. Por tanto, lo que necesitamos hoy aquí es estrechar lazos entre demócratas, como está estrechando sus lazos, aún más, el Gobierno con nuestros socios europeos, con nuestros amigos y socios más fiables.
Ante la incertidumbre, lo que necesitamos es invertir en confianza y en lazos duraderos. Vamos a necesitar más unidad en España y en Europa. Vamos a necesitar más integración europea. Vamos a necesitar una Europa más fuerte. Señorías, es el momento de ser Europa. Es el momento de que Europa alce unida su voz en favor del derecho internacional, de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, de la prohibición de la guerra como resolución de disputas entre países, a favor de la cooperación internacional y del sistema multilateral. Es el momento de que Europa asuma en primera persona su propia seguridad. Llevamos muchos años hablando y teorizando sobre ello y este es el momento de hacerlo realidad. Es el momento de que Europa, la mayor unión política y económica del mundo, y también la más exitosa, actúe con decisión y se convierta por derecho propio en un actor global, promoviendo los valores y los principios de la democracia, la justicia social, el multilateralismo y la paz, de lo que hizo nacer a Europa, de lo que le da sentido, de nuestra identidad. Es el momento de que Europa proteja su mercado único, sus empresas y sus trabajadores y proyecte la competitividad de nuestras empresas, porque ninguna guerra comercial tiene ganadores y termina empobreciendo a todo el mundo.
España y la Unión quieren unas relaciones comerciales de cooperación con nuestros socios mutuamente beneficiosas, como las que hemos tenido hasta ahora. Pero que a nadie le quepa duda de que también vamos a defender con firmeza el mercado único y los intereses de nuestros trabajadores y nuestras empresas europeas. La Unión tiene instrumentos para ello y ha actuado con rapidez siempre que la imposición de medidas unilaterales ha afectado a los intereses económicos europeos. Hoy ha hecho de nuevo esa defensa de los intereses de Europa. Y tengan por seguro que desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y todo el Gobierno se van a defender con firmeza los intereses de nuestros trabajadores y trabajadoras y los intereses de nuestras empresas.
Señorías, una guerra de agresión no puede acabar recompensando al agresor. El alto el fuego no puede ser un mero paréntesis seguido de otra guerra, tiene que ser el primer paso hacia una paz definitiva. Unidos con determinación, trabajaremos por una paz justa, global y duradera en Ucrania, y también en Oriente Medio. Europa ha demostrado su compromiso constante con la defensa por parte de Ucrania de su soberanía, su independencia y su integridad territorial. Europeos y ucranianos queremos la paz, pero esa paz tiene que ser justa, tiene que ser global y, sobre todo, tiene que ser duradera. Para ello, debe estar rodeada de las debidas garantías de seguridad y, para ello, todos, también en esta Cámara, debemos asumir nuestra responsabilidad. Los europeos hemos dado prueba de unidad adoptando las primeras decisiones para que Europa asuma más responsabilidad sobre su propia seguridad, para tomar en nuestras propias manos nuestra seguridad. Por eso, se van a movilizar préstamos y facilidades para dotarnos de las capacidades que necesitamos, desarrollando progresivamente la industria europea, lo que además tendrá efectos positivos en el empleo, en el desarrollo de nuestras regiones y en la investigación y el desarrollo. Además, se ha adoptado el principio fundamental que ha venido defendiendo España a lo largo de este debate: que se debe movilizar financiación adicional a nivel europeo. La seguridad beneficia a todos los ciudadanos y ciudadanas a escala europea y, por lo tanto, es lógico que se financie también con recursos europeos.
Estamos sentando las bases de una auténtica seguridad común europea, para la que tenemos que movilizar recursos de la Unión junto a los demás Estados miembros. Y esos recursos europeos deben incluir también una parte de mutualización e ir más allá. Ese es nuestro compromiso, el compromiso del Gobierno con Europa, con el multilateralismo, con un orden internacional basado en reglas que busca siempre la paz. Lo que ahora se decide y está en juego es cómo será ese sistema internacional al que nos dirigimos, y España y Europa son actores de ello. Lo que se decide es si nos vamos a regir por el orden multilateral o por la ley de la jungla, por nuestro sistema internacional y nuestro proyecto europeo, que penaliza la agresión y al agresor, o por uno que recompensa la violencia del verdugo. Ningún demócrata puede resignarse a un mundo que permita la injusticia y que recompense la violencia. Por eso, este es el momento de los demócratas. Este es el momento de los europeístas. Este es el momento de que demócratas y europeístas nos unamos para defender el proyecto europeo, que se basa exactamente en esos valores.
Hoy, el verdadero patriotismo, señorías, está en defender Europa y sus valores. Hoy, defender la democracia es defender Europa. Hoy, defender la paz contra la violencia y la justicia contra la arbitrariedad es defender Europa. Este, señorías, es un momento decisivo. Es el momento de decidir y lo es para todos: o se está con Europa, con su democracia, con la sociedad abierta y tolerante que somos, con la justicia y la paz social que Europa defiende y representa, o se está con los autoritarios, que atacan la democracia y el proyecto europeo.
Señorías, la mayor amenaza que sufre en estos momentos Europa es la existencia de una guerra en el propio suelo europeo, en Ucrania; una guerra que no es exclusivamente europea, ya que lo que está en juego no es solo el destino de un país, sino el del propio orden internacional y los valores que lo sustentan. Ucrania está sufriendo una guerra de agresión injusta e injustificable. Cuando empezó la invasión, todos los aliados prometimos a Ucrania que estaríamos a su lado todo el tiempo que fuera necesario, para defender su independencia, su soberanía, su integridad territorial, también para defender los valores y los principios democráticos por los que el pueblo ucraniano está luchando. Los ucranianos y todos los europeos queremos que haya pronto una paz, pero ―insisto― tiene que ser una paz justa, duradera, global. Ese fue nuestro compromiso con Ucrania y con Europa. Y España sí va a cumplir y va a hacer honor a su palabra. Hasta que llegue una paz justa, seguiremos apoyando a Ucrania. Así lo manifesté en mi viaje a Ucrania el pasado mes de enero; así lo manifestó el presidente del Gobierno durante su viaje a Kiev, el 24 de febrero, donde comprometió otros 1000 millones de ayudas para este año, y así lo hemos reiterado en las reuniones de las últimas semanas ante nuestras contrapartes europeas y el propio presidente Zelenski.
Saludamos, evidentemente, cualquier iniciativa de paz que pueda poner fin a la agresión rusa y a esta guerra. Saludamos la propuesta de un alto el fuego y esperamos que sea el primer paso para ello y que Rusia así lo vea y así lo acepte. Pero debe ser una paz que no recompense al agresor, que esté basada en los principios de la Carta de Naciones Unidas, que no sea un paréntesis entre dos guerras. No se puede hablar de paz en Ucrania sin Ucrania. Tampoco se puede hablar de la seguridad en Europa sin Europa. Los socios europeos estamos firmemente unidos en torno a esta apuesta por una paz justa y duradera, en torno a estos valores democráticos, en torno a nuestro apoyo a Ucrania. Y lo que pido a los grupos parlamentarios es esa misma unión y ese mismo apoyo en torno a los valores europeos y democráticos.
Mientras llega esa paz, debemos seguir unidos apoyando a Ucrania, hasta que recupere íntegramente su libertad y su independencia, hasta que su democracia sea respetada. Esta es la posición del Gobierno de España que estoy trasladando en todas las reuniones de la Unión Europea y en las del grupo más restringido de socios europeos, el G5+, de ministros de Asuntos Exteriores, que incluye también al Reino Unido. Ahí vamos a seguir teniendo una voz y un papel muy activo en defensa de la paz, de la independencia y de la libertad de Ucrania.
España se sienta hoy en todas las mesas en las que se diseña y se decide el futuro de Europa, porque todos saben que somos un país que siempre trabaja por el futuro de una Europa fuerte y una Europa unida. Ni el pueblo de Ucrania ni el pueblo de Palestina pueden ser monedas de cambio en un tablero global de intereses nacionales, señorías. Si la historia de Europa es una historia de éxito lo es porque sobre las cenizas y las ruinas de la guerra más atroz que haya conocido la humanidad supimos construir una unión de paz y para la paz, de justicia social y para la justicia social, de progreso compartido y para el progreso compartido. Esos son los valores que nos han llevado a las mejores décadas de nuestra historia. Eso es lo que está en juego en estos momentos. Esos son los valores que proyectamos al mundo, sea en Kiev, en Gaza o en Beirut. Hoy, esos valores de nuestra Unión Europea son un modelo y también un horizonte de esperanza para la humanidad entera. No debemos abandonarlos.
Hoy atacan a Europa quienes siempre han atacado los valores de justicia social, de paz y democracia que la Unión representa. También la atacan por una política de bloques a la que pretenden abocarnos y que nosotros rechazamos. Europa, una Europa unida, una Europa fuerte es una potencia para la paz, para el multilateralismo, para el diálogo. Quienes quieren una Europa dividida ―no les quepa la menor duda, señorías― quieren una Europa débil, porque temen la fuerza de nuestros valores. Por eso nuestra tarea esencial es la unidad, empezando aquí, en este Congreso de los Diputados. El desafío es vital para Europa. Está en juego no solamente nuestra seguridad, sino el modo de vida europeo, nuestros propios valores y los proyectos de vida de nuestros ciudadanos.
Por lo tanto, frente a los intentos de dividirnos y debilitarnos, también desde dentro de nuestras sociedades, vamos a reaccionar con la misma determinación y con la misma firmeza que frente a las amenazas e injerencias externas. Vamos a responder con todas las herramientas para defender nuestro proyecto europeo. También contamos con otros socios y aliados que van a estar con nosotros, que están ya con nosotros, en la defensa de nuestros valores, del multilateralismo, de la paz: el Reino Unido, Turquía, Canadá, Noruega. Claramente, Europa está tomando la iniciativa y lo hacemos en la dirección correcta. Yo espero que todos aquí, en esta Cámara, nos acompañen.
Tenemos que mirar más allá de Europa. No se trata de levantar un bloque frente a otros, como a algunos les gustaría, incluso, un bloque contra otros, porque esto no interesa solamente a Europa o a Occidente. Durante años, hemos estado hablando de potencias emergentes, cuando en realidad ya han emergido. Esos también pueden ser nuestros socios y amigos. Son, por ejemplo, muchos países de América Latina, con los que España insistió, durante su Presidencia europea, en mantener la primera cumbre con la Unión en más de ocho años. Es el nuevo acuerdo entre la Unión Europea y México, que va a acercarnos más a un país hermano y socio fundamental de la Unión, o el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur. Es la relación entre la Unión Europea y África, que España se ha marcado como objetivo central de su nueva estrategia de partenariado con los países del continente. Es también, por supuesto, la relación de la Unión Europea con India y con China, con los países de Asia y el Pacífico, que son fundamentales para la estabilidad y la prosperidad del planeta.
Señorías, la situación en Gaza y en Oriente Medio también golpea la conciencia de la humanidad a diario. Y quiero ser muy claro: ningún Gobierno del mundo ha hecho tanto como el de España por la paz en Oriente Medio y por el final de la guerra en esa región. Ningún país como España ha hecho tanto para traer el fin de esa violencia, que también, igual que la agresión rusa a Ucrania, es injustificable. Ninguno ha hecho tanto por proteger a los civiles palestinos y libaneses y por la aplicación de la solución de dos Estados. Desde el primer día condenamos el atroz atentado terrorista de Hamás y pedimos la libertad incondicional de todos los rehenes. También pedimos a Israel el respeto inexcusable del derecho internacional y del derecho internacional humanitario. Hemos pedido desde el primer día un alto el fuego permanente y la entrada masiva de ayuda humanitaria. Hemos apoyado a UNRWA en los momentos más difíciles y también la acción humanitaria de las Naciones Unidas, contribuyendo con más de 56 millones de euros desde el inicio de la crisis; también con nuestra ayuda humanitaria de la AECID en Gaza, que ha entrado siempre que ha sido posible. Hemos reconocido al Estado de Palestina y exigido una solución política al conflicto, que tiene que estar basada en la solución de dos Estados, Israel y Palestina, conviviendo uno junto a otro en paz y seguridad mutua. Hemos celebrado la primera reunión intergubernamental España-Palestina y hemos pedido desde el mismo año 2023 una conferencia internacional de paz para aplicar la solución de dos Estados. Este liderazgo español se ha traducido en la convocatoria por la Asamblea General de Naciones Unidas de una conferencia de paz el próximo mes de junio en Nueva York que España impulsa y de la que vamos a ser actor principal. También nuestro liderazgo se ha concretado en la creación de una alianza global para la aplicación de la solución de dos Estados, que reúne ya a más de ochenta países de todo el mundo.
Nuestro apoyo a Palestina se manifiesta en todos los ámbitos sin excepción. Hemos triplicado la ayuda española y hemos apoyado con más de 75 millones de euros a Palestina. Hemos apoyado con firmeza la reunificación de Gaza y Cisjordania bajo una única autoridad palestina, que debe hacerse cargo del Gobierno, de la seguridad y de la reconstrucción de Gaza. Hemos apoyado también la reactivación de la misión de la Unión Europea en Rafah, que debe contribuir a consolidar el alto el fuego y que cuenta con un importante contingente español, el contingente nacional más numeroso, con diez guardias civiles. La voz española, también la voz europea gracias a España, es clara para proponer aplicar de una vez por todas esa solución de dos Estados, para que el Estado de Palestina se incorpore como un miembro más a las Naciones Unidas, como recordé en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en su Consejo de Seguridad, y para que todos los países árabes y musulmanes reconozcan también a Israel. Los palestinos tienen derecho a un futuro de esperanza y los israelíes tienen derecho a un futuro en paz y seguridad, y esa solución solo vendrá ―lo sabemos todos― de los dos Estados.
Este liderazgo de España se ha manifestado muy recientemente en la declaración a Veintisiete de la Unión Europea en el Consejo de Asociación con Israel. Hemos logrado la unanimidad para que la Unión Europea diga por fin todo lo que España ha estado diciendo desde el inicio de esta crisis. En primer lugar, el respeto a los derechos humanos. Con la carta conjunta del presidente del Gobierno y su homólogo irlandés y con la reunión del Consejo de Asociación hemos hecho valer que el Acuerdo de Asociación Unión Europea-Israel establece claramente el respeto de los derechos humanos como elemento esencial y necesario de la relación con la Unión.
En segundo lugar, hemos logrado que la Unión Europea hable con claridad sobre lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Gaza y también en Cisjordania. El número de civiles muertos en Gaza, especialmente mujeres y niños, es inaceptable. La situación humanitaria es catastrófica. Israel debe cumplir con el derecho internacional humanitario en todo caso y proteger a los civiles. También hemos rechazado con firmeza cualquier idea de desplazar a la población de Gaza, porque es el hogar de los palestinos gazatíes y porque es parte inseparable del Estado palestino.
En tercer lugar, la Unión ha reiterado unánimemente su respaldo a la acción de las Naciones Unidas, que Israel debe respetar, y debe cumplir su mandato, en lugar de obstruirlo.
En cuarto lugar, la Unión Europea apoya a la Corte Penal Internacional y ha exigido que Israel cumpla los mandatos de la Corte Internacional de Justicia, que son vinculantes y que han establecido claramente que la ocupación de los territorios palestinos y los asentamientos son contrarios al derecho internacional y deben terminar. En quinto lugar, la Unión Europea ha apoyado de manera unánime las propuestas de España para alcanzar una solución política al conflicto con la aplicación de una vez por todas de la solución de dos Estados a través de una conferencia internacional de paz y de la alianza global para aplicar esa solución.
Todo ello se ha manifestado con una serie de compromisos concretos de la Unión Europea: que la Unión siga apoyando y desembolsado las partidas a UNRWA y a la Autoridad Palestina, como hemos exigido desde España a la Comisión; que adopte nuevas medidas contra los colonos violentos; que adopte medidas efectivas contra quien quiera malograr la solución de dos Estados; que aplique la normativa sobre comercio de productos procedentes de los asentamientos y que no reconozca nunca la anexión unilateral de Gaza o de Cisjordania. Esa es la posición de Europa, una posición en cuya definición nuestro país ha tenido un papel crucial y de primer orden, una voz en la que nos reconocemos todos los españoles y españolas y que es inequívocamente europea, una voz que nos reconocen y nos agradecen los propios palestinos, como me trasladaba la semana pasada el primer ministro de Palestina o como han hecho en repetidas ocasiones nuestros amigos y mis homólogos jordanos, egipcios, saudíes, cataríes y libaneses.
En enero viajé a Siria, donde la caída del régimen de Asad ha abierto una nueva etapa, para trasladar a las nuevas autoridades que el proceso político solo puede ser pacífico e inclusivo, que tiene que incluir a las mujeres y a todas las minorías étnicas y religiosas. Por eso me reuní allí con mujeres y representantes de las distintas minorías y confesiones religiosas, para decirles que ellos y todo el pueblo sirio cuentan con el apoyo de España para un futuro democrático, inclusivo y en paz en el que estén representados. Este fin de semana conocíamos las terribles noticias de la violencia en ese país y exigimos que los responsables respondan ante la justicia. Eso constituirá una prueba crucial de la seriedad de cualquier proceso político en Siria. España está siempre del lado de la paz y de la humanidad.
También estuve en Líbano, donde una nueva Presidencia nos ofrece una oportunidad para conseguir paz y estabilidad en ese país. Lo apoyaremos y seguiremos mostrando nuestro compromiso con las Naciones Unidas y su fuerza de paz, FINUL, a cuyo frente está un general español.
Ninguno de nosotros podremos estar seguros si las normas universales de convivencia entre los pueblos son cuestionadas, si los organismos de las Naciones Unidas y el derecho internacional, que surgieron del dolor y de la destrucción de la última Guerra Mundial, son deslegitimados; si se pone en el mismo plano ―yo espero que hoy nadie lo haga aquí― al agresor y al agredido, a las víctimas y a su verdugo. Yo espero que nadie tenga la tentación hoy aquí de querer que se recompense al agresor o que se humille al agredido.
Señorías, la relación trasatlántica en torno a unos valores democráticos compartidos ha sido mutuamente beneficiosa para norteamericanos y para europeos, para Estados Unidos y para Europa. Queremos que siga siendo así, pero tenemos claro que Europa tiene que asumir más responsabilidad sobre su propia seguridad, porque Europa debe continuar unida en torno a esos valores democráticos, sin permitir que nadie se interponga en nuestra necesaria unidad y la necesaria acción para defender nuestras democracias.
La nueva Administración estadounidense tiene nuevos postulados en relación con Europa y con el multilateralismo. Nosotros deseamos que esa alianza natural que tenemos los europeos y los norteamericanos de manera histórica y que ha sido tan beneficiosa para ambos se mantenga; pero Europa también tiene la capacidad y tiene la voluntad de tomar su destino en sus manos. Europa tiene que reflexionar, lo estamos haciendo, pero sobre todo tenemos que actuar ya a escala mundial y en Bruselas.
En primer lugar, tenemos una convergencia estratégica entre socios y aliados y un consenso sólido sobre cuáles son las amenazas y los riesgos a los que nos enfrentamos. Tenemos nuestra visión común de nuestro entorno geoestratégico.
En segundo lugar, tenemos que articular un concepto integral de seguridad. Tenemos que ir más allá de la defensa. Por supuesto, incluirla, pero tenemos que garantizar también la competitividad de nuestras empresas, los flujos energéticos, los suministros de alimentos y de medicinas, y proteger nuestro mercado único, a nuestros trabajadores y trabajadoras y a nuestras empresas frente a cualquier ataque arancelario o de otro tipo. Tenemos que dar un paso hacia la seguridad europea, un paso que ya está contemplado, además, en los tratados.
En tercer lugar, trabajamos para identificar qué capacidades son necesarias para garantizar todo ello. Capacidades militares, pero también de protección civil, de protección de nuestras infraestructuras, de protección frente a desastres naturales. La ciberseguridad y muchos otros aspectos de la seguridad digital y de la seguridad económica están íntimamente relacionados en este concepto de seguridad integral. La industria y las empresas españolas tienen mucho que aportar a este esfuerzo común europeo, que, además, va a contribuir a crear empleo de calidad y a la competitividad de nuestra economía.
En cuarto lugar, las amenazas son contra Europa, no contra un país determinado. Por lo tanto, también aquí la respuesta debe ser europea y, por supuesto, tiene que incluir la frontera sur de Europa. Tenemos que movilizar recursos, también recursos europeos, suficientes para atender todas estas necesidades. Este es uno de los aspectos fundamentales para el que solicito el apoyo de todos los grupos en esta Cámara. Cuando los europeos hemos comprendido que nuestra fuerza está en la unidad y hemos actuado en consecuencia, poniendo en común nuestros recursos y nuestro esfuerzo, la Unión Europea siempre ha estado a la altura. Cuando los europeos movilizamos nuestra voluntad colectiva, superamos con éxito todas las crisis. Que no les quepa duda, señorías, estamos ante una crisis existencial. España, una vez más, contribuye a ese esfuerzo común para garantizar seguridad a los proyectos de vida de nuestros ciudadanos, y también para construir una Europa más fuerte. Debemos hacerlo en defensa de nuestros valores, de nuestra democracia, frente a los ataques y a la injerencia extranjera en nuestros procesos democráticos y frente a la desinformación, que quiere dividirnos. Debemos hacerlo en defensa de los proyectos de vida de nuestros ciudadanos y ciudadanas. Señorías, necesitamos unidad, aquí y en Europa; y necesitamos acción y determinación, aquí y en Europa.
España ha contribuido al debate europeo participando activamente en todos los foros de decisión. El presidente del Gobierno reiteró en Kiev el apoyo de España a Ucrania el día que se cumplía el tercer aniversario de la agresión. Estuvo también en París y en Londres con los principales líderes europeos para demostrar que Europa puede tomar la iniciativa y participó el pasado jueves en el Consejo Europeo extraordinario en Bruselas. Yo mismo he mantenido constantes reuniones y contactos con mis homólogos del grupo G5+, que se configura como un verdadero grupo de contacto europeo, capaz de liderar y tomar la iniciativa para la paz y la seguridad en el continente. España aporta a este debate europeo un documento con propuestas ambiciosas para el Libro Blanco de la Defensa y lo hacemos fieles a nuestra trayectoria firmemente comprometida con el proyecto de construcción europeo. España sabe que ha llegado el momento de dar un paso decisivo hacia nuestra seguridad común.
Señorías, hace tiempo que todos sabemos que Europa debía asumir su responsabilidad en un mundo crecientemente fragmentado e inestable. Cada vez más tenemos que defender nuestros valores de potencias agresivas y de interferencias externas. Eso supone trabajar con nuestros socios y amigos, y estar también preparados para tomar en nuestras manos nuestra propia seguridad. Podemos hacerlo, somos la mayor unión política y económica del planeta y, sobre todo, tenemos la fuerza de nuestros valores, que son universales, de nuestra democracia, del derecho y de la razón. Pero ya no podemos esperar más, es el momento de cumplir la promesa de Europa a nuestros ciudadanos y ciudadanas; una promesa de democracia, de justicia social y, sobre todo, de paz. La sombra de la división europea es la de la imposición de poderes ajenos a nuestros valores e intereses. Juntos podemos garantizar a nuestros ciudadanos estabilidad, paz y prosperidad para que cumplan sus proyectos de vida. Por eso, les pido hoy la unidad de todas las fuerzas políticas y el apoyo al Gobierno para tomar las decisiones vitales que requiere el cambio en el orden mundial, el cambio en la seguridad europea y la estabilidad de nuestro país, de Europa y de los proyectos de vida de nuestros ciudadanos y ciudadanas.
Muchas gracias. (Aplausos).