Gabriel Rufián Romero
Les reconozco que estaba teniendo dificultades para preparar esto de hoy. Estaba en mi despacho y no sabía muy bien cómo plantearlo; entonces, he escuchado a un señor de VOX hace un rato ―que ha salido aquí con una banderita de España, evidentemente, con una pulserita de España, evidentemente― decir aquí, en la tribuna, abiertamente algo así como que eso del rescate bancario es de comunistas y es la anti-España, porque al final las cajas y no sé qué, y que eso de regalar a la gente los pisos del Estado, de la Sareb, también es de antiespañoles. Y yo pensaba: joder ―perdón―, ¿cómo te plantas aquí con una bandera de España, con una pulserita de España ―cuando la gente no tiene pisos y les quieres dar pisos, cuando la gente lo pasó tan mal durante el rescate bancario miserable y lo que conviene es devolverle el dinero a los hospitales y a los servicios públicos―, cómo te plantas aquí siendo tan español a decir que eso es antiespañol? Y he pensado: porque les sale gratis, les sale gratis. ¿Por qué creen ustedes hoy en día que hacer un saludo nazi mola? ¿Por qué creen ustedes hoy en día que hay tanta gente que cree que la okupación afecta al 51 % de la gente, cuando en realidad afecta al 0,064 %? ¿Por qué creen ustedes que hoy hay tanta gente que cree que la delincuencia en el sector migrante es del 60 % cuando no llega al 10 %? ¿Por qué creen ustedes hoy que hay gente ―y son palabras literales― que cree que los musulmanes nos están comiendo, cuando apenas son un 5 %? ¿Por qué creen ustedes que hay tanta gente hoy que cree que ya no se puede decir nada, cuando realmente los únicos que acaban frente a un juez para dar explicaciones son humoristas de izquierdas? ¿Por qué creen ustedes que hoy hay tanta gente que con un 3 % de crecimiento y con cotas de empleo inéditas creen que este país está peor que nunca? ¿Por qué creen hoy ustedes que hay tanta gente que vota a partidos que se financian irregularmente? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Les ha pasado que la clase trabajadora, siendo de partidos que defienden a la clase trabajadora, les insultan? A mí me pasa. Hay un chaval, que descarga camiones a las siete de la mañana en la Puerta del Sol, que cada vez que salgo del hotel me insulta. Seguramente vota a esta gente y seguramente me odie a mí. Seguramente cobra un salario miserable y curra un montón de horas. ¿Es culpa nuestra? Quizá en parte, pero, sobre todo, porque aquí hay partidos que votan cada semana en contra de sus intereses. ¿Por qué pasa eso? ¿Por qué?
Siguiente pregunta. ¿Cuál es hoy el poder más poderoso? ¿Quién es más poderoso hoy en el mundo? ¿Qué poder es más poderoso? ¿El Poder Judicial? Es poderoso. ¿El Poder Legislativo? Es poderoso. ¿El Poder Ejecutivo? Es poderoso. ¿El poder mediático? Es muy poderoso. Pero ya no son los poderes más poderosos. De hecho, se dice de Trump que es un señor de negocios. Trump es un señor de redes sociales. Hoy, el poder más poderoso está aquí (muestra un móvil), es el poder digital, y tumba Gobiernos; y aquí, estos señores y señoras son los reyes; aquí (muestra un móvil de nuevo), 4000 millonarios han convencido a millones de precarios de que la culpa de su situación son otros precarios aún más precarios que ellos. Ese es el mundo que tenemos hoy en día. Nosotros les proponemos ante esto competir, responder, no abandonar este poder (muestra un móvil de nuevo), por muy difícil y por muy chungo que sea. Yo hace poco dije que estaba de moda ser facha; me equivoqué o no fui exacto. No está de moda el fascismo, está de moda el malismo, ser malo, ser un chungo, defender aquí que el débil es el culpable, que el débil es el responsable de la situación, de la precariedad: el negro, el migrante, la mujer. Eso está de moda, y si no está de moda hacer eso, está de moda callar frente a eso, y tenemos ejemplos en todos sitios. Por tanto, les proponemos crear al menos el debate, en el seno de la Unión Europea, sobre la creación de una red social digital alternativa a la tiranía de esos 4000 millonarios que hackean las mentes de tanta gente; una red social ―y ya me sé las réplicas que vendrán después de mí― que no sea de izquierdas ―ojalá―, que respete los derechos humanos; una red social en la que la mezcla de tragaperras, dopamina, algoritmos no sea quien impere, sino el respeto al otro, que respete los derechos humanos.
Señorías, los tolerantes, las tolerantes, tenemos que ser intolerantes frente a la intolerancia, los tolerantes tenemos que ser intolerantes frente a la intolerancia. No vale eso de: no, no, no, claro… No, porque si no, la intolerancia directamente se cargará a los tolerantes.
Muchas gracias. (Aplausos).